Agenda 2030: Educación y cultura, una alianza imprescindible

La cultura como una herramienta fundamental de las políticas de cooperación y desarrollo  ha sido el eje central del taller organizado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) en el marco del II Foro mundial sobre violencias urbanas y educación para la convivencia y la paz. Este taller ha contado con la intervención de la Fundación VOCES, NOVACT, Entreculturas y la Fundación de Ayuda contra la  Drogadicción, organizaciones que utilizan instrumentos educativos y culturales en sus proyectos de cooperación.

Ana Isabel González, vicepresidenta de la Fundación VOCES, una organización que lucha contra la pobreza y la exclusión social por medio del arte, la cultura y la creatividad, ha recordado que cuando iniciaron su andadura en 2006 les costó comunicar los conceptos de “cultura para el cambio social y para el desarrollo”. Sin embargo, ha asegurado, en estos momento “no hay ninguna política de desarrollo humano que no tenga en cuenta la dimensión cultural”.

González ha asegurado que es fundamental “trabajar desde la cultura para fortalecer identidades y construir sociedades más democráticas” y ha citado el caso de una escuela en Mali en la que trabajan, donde disciplinas artísticas como la danza, el teatro, etc. son “herramientas muy eficaces frente al radicalismo”. Según ha explicado, la “falta de identidad” se ha identificado como caldo de cultivo de toda clase de extremismos.

Por su parte, Clara Maeztu, técnica de educación no formal de la ONG Entreculturas, ha destacado el peso de una educación transformadora como instrumento para el cambio social. En su opinión, es vital “empoderar a la ciudadanía para que sea capaz de revisar la cultura de forma crítica y para que sean creadores de su propia cultura”. Como vehículo de la cultura, la educación es crucial “para que las sociedades no asuman sin más ciertas costumbres y tradiciones”.

Respecto al papel de la educación y la cultura en las políticas de cooperación, Gerardo Lerma, subdirector para la cooperación al desarrollo de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción, ha recordado que en la elaboración y desarrollo de cualquier proyecto educativo de desarrollo es básico contar con la “participación de los colectivos implicados”, algo que han podido constatar en la creación de “un modelo de intervención educativa en contextos violentos”, desarrollado durante cuatro años de trabajo.

Lerma también ha señalado las limitaciones de los programas centrados solo en el individuo. En su opinión, educar es “ayudar a una persona a elaborar un proyecto de vida”, algo que no se consigue únicamente actuando con el individuo: “Si no cambio la sociedad, no se puede lograr nada”, ha afirmado.

Luca Gervasoni, fundador y codirector de NOVACT, el Instituto Internacional para la Noviolencia Activa, ha defendido que la cultura es la mejor herramienta para averiguar “por qué ciertas ideas extremistas resultan atractivas”. Para ilustrar la relación directa entre cultura y desarrollo ha puesto como ejemplo la estrategia de Arabia Saudí, país que, según ha explicado, cuenta con una “estrategia a 60 años que incluye la financiación de canales de televisión, etc. para lograr que fructifiquen ciertas ideas” en su área de influencia.

Frente a este tipo de iniciativas, Gervasoni ha reflexionado sobre la necesidad de que los movimientos sociales “abran un debate público en positivo”, proponiendo otro tipos de modelos culturales capaces de abrir puertas a otras realidades.

Araceli Sánchez Garrido, jefa adjunta del departamento de Cooperación y Promoción Cultura de AECID también ha apuntado el potencial de la acción cultural como motor de crecimiento y de fortalecimiento de las comunidades. “Trabajar con la emoción y la creación devuelve la dignidad a las personas”, ha subrayado Sánchez.

La representante de AECID también ha recordado la importancia de trabajar los “espacios no formales de educación”, especialmente en situaciones de conflicto, y los ámbitos de la vida cotidiana en los que se manifiesta la cultura de una sociedad, ya que “la producción artística es solo una parte de la cultura”, ha recordado.

Junto a las ventajas psicosociales de la cultura en los proyectos de desarrollo, el taller organizado por AECID también ha puesto sobre la mesa el creciente peso económico de la llamada economía naranja (ligada a los bienes y servicios y culturales), un elemento que también está influyendo en el creciente peso de la cultura en las políticas de cooperación.