La corrupción ha llegado a todos los sectores sociales. Existe corrupción en los partidos políticos, las elecciones, la administración pública y privada; el mundo académico, sanitario, mercantil, financiero, medioambiental, deportivo; las empresas, los medios de comunicación, las ONG o las organizaciones religiosas. Además, corrupción vinculada a las licitaciones, eminentemente de obra pública, asociada con formas políticas como el clientelismo político.

La corrupción se ha convertido en una lacra social importante que invade la esfera pública y privada, tanto en las sociedades enriquecidas como las empobrecidas. En el terreno político, la corrupción socava la democracia; en el económico, produce un incremento de los costes de los bienes y servicios; en el judicial, socava el Estado de Derecho; y en el social, destruye valores éticos como el de la solidaridad y la justicia.

Los actos corruptos aparecen en la conducta de las personas cuando no hay baluartes éticos en las mentes que los impidan.

Las ciudades y territorios de paz deben favorecer la participación para ejercer los derechos de ciudadanía, promoviendo la participación significativa de los ciudadanos y ciudadanas y de las organizaciones sociales en los procesos de toma de decisiones, de planificación y seguimiento de políticas en el ámbito local, fortaleciendo la gobernanza municipal y la transparencia.