En la vida cotidiana, la violencia forma parte de la convivencia diaria, en el ámbito personal, familiar, escolar, relacional o en contextos sociales de participación, surgen relaciones de poder desigual, de una persona sobre otra, ya sea mediante la fuerza física, la inteligencia, la tenencia de objetos materiales, afectos o emociones.

La problemática más común por la que los vecinos se enfrentan viene determinada por conflictos de convivencia ciudadana: molestias por ruidos de un vecino, de bares o calles, especialmente en zonas de ocio nocturno; por problemas de animales domésticos; aceras o espacios peatonales o por bicicletas y patinetes.

En todas las ciudades la vida cotidiana está amenazada por diversas violencias directas que actúan con desigual intensidad: las relacionadas con la desigualdad social, como la discriminación racial, étnica, cultural, religiosa, de género o de identidad; las que se producen en el espacio privado o público, eventos multitudinarios deportivos, competiciones infantiles y juveniles o espacios de ocio; aquellas vinculadas a la desatención a los ancianos; las que son producto de la movilidad; las que surgen en las redes sociales, en la televisión o en el cine.

Por otro lado, sufrimos violencias más extremas, por delitos patrimoniales, así como el crimen organizado vinculado al tráfico de drogas, armas o personas.