De acuerdo con la Observación General n° 21 de 2009 emitida por el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, los derechos culturales implican, de manera general, la libertad de todas las personas a participar en actividades culturales; sin embargo, el contenido de este derecho va más allá al promover el desarrollo y beneficio de la realización de actividades científicas, literarias y artísticas ligando este derecho a otros consagrados en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, como el derecho a la educación.

Los derechos culturales son a menudo de difícil interpretación en el sentido de que no existe una definición unívoca del concepto de cultura; sin embargo, para el Comité de Derechos de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, la cultura comprende,

“entre otras cosas, las formas de vida, el lenguaje, la literatura escrita y oral, la música y las canciones, la comunicación no verbal, los sistemas de religión y de creencias, los ritos y las ceremonias, los deportes y juegos, los métodos de producción o la tecnología, el entorno natural y el producido por el ser humano, la comida, el vestido y la vivienda, así como las artes, costumbres y tradiciones, por los cuales individuos, grupos y comunidades expresan su humanidad y el sentido que dan a su existencia, y configuran una visión del mundo que representa su encuentro con las fuerzas externas que afectan a sus vidas. La cultura refleja y configura los valores del bienestar y la vida económica, social y política de los individuos, los grupos y las comunidades” (ONU, 2009).

Como se puede ver en esta definición, el desarrollo de los derechos culturales se encuentra en primer lugar intrínseco en las diversas formas de relacionamiento entre personas, razón por la cual la convivencia sin violencia en las sociedades es requerimiento mínimo de garantía de estos derechos y, en segundo lugar, el ejercicio de los derechos culturales es la base para una paz: (i) simbólica o cultural, en tanto elimina prejuicios y actitudes discriminatorias a través del ejercicio libre de las artes, las tradiciones y las costumbres, (ii) estructural, en tanto genera las condiciones para una justicia social al garantizar mínimos como la educación o la salud mediante el beneficio de las actividades científicas, el disfrute de un ambiente sano y el ejercicio del deporte y (iii) directa en tanto el ejercicio de la cultura evita el escalamiento de los conflictos sociales a situaciones de violencia.